Negociación con administraciones públicas: 3 claves a tener en cuenta

Negociación con administraciones públicas: 3 claves a tener en cuenta

Negociar con una administración pública no se parece a negociar con una empresa privada, y da igual el país en el que estés: las reglas del juego cambian. Aquí no te sientas frente a alguien que puede improvisar una solución creativa sobre la marcha; te sientas frente a alguien que responde a un protocolo, a una normativa y, muchas veces, a una jerarquía que no está en la sala.

Eso no significa que no se pueda negociar bien con la administración. Significa que hay que adaptar el enfoque. En este artículo vemos por qué este tipo de negociación es distinta y qué puedes hacer para llevarla con ventaja.

Por qué negociar con la administración es diferente

Cuando te sientas frente a una entidad pública, casi siempre tienes enfrente a la parte que controla el ritmo y las condiciones de la negociación. En la mayoría de los casos, la administración actúa en régimen de monopolio: no hay una alternativa real a la que acudir si esa negociación no sale bien, lo que reduce mucho tu margen de maniobra frente al que tendrías con un proveedor o cliente privado.

A esto se suma que los interlocutores públicos operan dentro de protocolos y sistemas muy rígidos, que están para cumplirse y que, si a la administración no le interesa cerrar un acuerdo o una contratación, se convierten en la excusa perfecta para no avanzar. Cualquier funcionario te confirmará que hay líneas que no puede cruzar. Lo interesante es que, dentro de ese margen estrecho, casi siempre existe algo de flexibilidad si sabes cómo plantear la conversación.

Tres claves para negociar mejor con la administración

Estas ideas se apoyan en el trabajo del profesor Jeswald W. Salacuse, autor de referencia en negociación internacional, que dedicó parte de su investigación a entender cómo negocian los gobiernos y qué necesitan los negociadores para tener éxito frente a ellos (puedes profundizar en su obra en Seven Secrets for Negotiating with Government). A partir de esa base, así es como se traducen en la práctica:

Apóyate en precedentes, no en promesas de futuro. Un cargo público rara vez va a tomar un riesgo si no tiene certeza de que no le va a explotar en la cara. Los responsables del sector público suelen evitar cualquier decisión que no puedan justificar después ante su propia organización. Por eso, en lugar de argumentar solo con proyecciones de lo que podría pasar, busca casos anteriores parecidos —contrataciones similares, acuerdos comparables, decisiones ya tomadas en circunstancias parecidas— que demuestren que lo que propones ya ha funcionado antes. Un precedente bien documentado da al interlocutor público la cobertura que necesita para decir que sí.

Elimina las sorpresas antes de que aparezcan. Pocas cosas dañan tanto una relación institucional como una sorpresa desagradable después de cerrado un acuerdo. Si omites cierta información porque te parece incómoda, o dejas fuera de la conversación algún tema sensible por evitar el conflicto, lo normal es que ese asunto vuelva más tarde convertido en un problema mayor —y con la confianza ya rota. La solución es contraintuitiva pero eficaz: pon sobre la mesa los riesgos posibles de forma abierta, y lleva ya preparada una propuesta de mitigación o un plan de contingencia para cada uno. Un interlocutor público valora mucho más a quien anticipa problemas que a quien los esconde.

Invierte en la relación, no solo en el acuerdo. Esto aplica a cualquier negociación, pero se vuelve crítico aquí. Dedica tiempo a conocer a la persona con la que negocias, más allá de su cargo. Los funcionarios y cargos públicos suelen moverse en entornos donde su reputación está constantemente expuesta —a la opinión pública, a superiores, a auditorías—, así que valoran especialmente a los interlocutores que son honestos y transparentes de forma consistente. Un solo gesto que se perciba como poco claro puede romper una relación construida durante meses, y con ella, el acuerdo que dependía de esa confianza.

Lo que cambia si aplicas esto

Ninguna de estas tres claves garantiza un acuerdo, porque la administración sigue teniendo el control de fondo. Pero sí cambian la conversación: pasas de ser alguien que pide algo a alguien que facilita la decisión a quien tiene que tomarla. Y eso, cuando el interlocutor tiene tanto que perder si se equivoca, marca la diferencia entre un «no por ahora» y un acuerdo que sí sale adelante.

Autor

  • David
    David

    David Castellón es el formador principal del proyecto INCE y ha sido alumno de fundadores de Método Harvard en el Program On Negotiation de Harvard & MIT. Cuenta con más de 20 años de experiencia internacional en diferentes tipos de negociación: dirección general, acuerdos comerciales, gestión de recursos humanos y compra-venta de empresas.